Un cuadro impreso es tinta sobre papel. Esto es un material que existe por sí mismo, con peso y con canto. La diferencia se nota apenas lo tienes en la mano.
Acero al carbono, no lámina decorativa
Calibre 1.5 mm en los formatos hasta 85 × 55 cm y 1.9 mm en los grandes. Ese espesor es la razón de que la pieza no vibre, no se pandee con el tiempo y se sostenga sola sobre los distanciadores.
Acabado premium negro mate
Una capa pareja de negro mate, sin brillos ni textura. El color no compite con el trazo: lo deja hablar, que es de lo que se trata una pieza calada. Para uso en interior respondemos por el acabado durante un año.
El calado es el diseño
Todo lo que ves en la pieza terminada es acero; todo lo demás es aire. Cada trazo tiene que sostener al siguiente, y esa restricción es justo lo que le da carácter: no hay relleno, no hay degradados, no hay medias tintas. O el trazo funciona o no existe.
Los veinte milímetros que cambian todo
Los distanciadores en acero inoxidable dejan la pieza despegada del muro. Con luz lateral, o con una tira LED detrás, el calado proyecta una sombra que duplica el trazo sobre la pared y cambia según la hora del día. Es el efecto que ningún impreso puede imitar, y viene incluido en cada pieza.
Bordes que se pueden tocar
Cada canto va desbarbado. La pieza se manipula, se cuelga y se limpia sin riesgo de cortarse.
Todo junto es la diferencia entre un cuadro que no sobrevive una mudanza y uno que se queda en la pared por años.